Turismo de aventura Abejorral

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Antioquia

Casa en el aire, Abejorral

Esta aventura comenzó por pura curiosidad: una casa de madera anclada en una gran roca, con una vista panorámica a un cañón donde abunda la biodiversidad y la oportunidad de hacer cosas diferentes que realmente le ponen a temblar las piernas, a sudar las manos y a reírse con nervios a cualquiera que se arriesgue a ir. ¿Te suena interesante? Pues a nosotros la idea nos atrapó, así que preparamos el viaje y arrancamos hacia el municipio de Abejorral a 84km de Medellín.

La travesía hacia la Casa en el Aire

Allí se encuentra el imponente cerro San Vicente y en una de sus paredes, sostenida por varios cables a 25 metros del suelo, está la Casa en el Aire un hostal que muchos comparan con la vivienda de Carl Fredricksen en la famosa película “UP”. Llegar al lugar es toda una travesía: se puede acceder por Santa Bárbara o por La Ceja, ambas carreteras presentan tramos destapados que exigen la pericia del conductor; nosotros nos decidimos por la segunda y quedamos felices ante los paisajes tan bonitos que vimos en el recorrido.

Después de llegar al pueblo hay que seguir avanzando otros 20km hasta “La 80” una tienda sobre la carretera donde la señora Ligia te recibe con una gran sonrisa, allí puedes comprar más provisiones como los huevos, para que no te encartes con ellos durante tooodo el viaje (como hicimos nosotros ¬¬) y desde este lugar comienza un trekking hasta el cerro, el camino es duro no traigas muchas cosas porque si lo haces aquí te vas a arrepentir.

Si crees que ya es demasiado, pues espera porque para llegar a la base del San Vicente debes tomar un canopy de 400m de largo; cuando estás rodando, el cañón parece ser más imponente y el suelo se hace más lejano; deja fluir tus sentimientos, grita si así lo sientes pero no vayas a cerrar los ojos porque la vista desde allí arriba es ¡increíble! Y los equipos de seguridad te llevaran sano y salvo hasta el otro lado.

Ya falta poco, luego de escalar una ruta fácil llegas a la casa. Insistimos que es un lugar mágico, no hay electricidad, cuando caminas sientes como crujen los tablones de madera; todo tiene una decoración rústica, los detalles amenizan cada rincón, por ejemplo, el baño es destapado para poderse duchar mirando el paisaje y, lo mejor, el despertador son unas guacharacas que visitan cada mañana el techo de la casa

3, 2, 1 ¡salta!

Adrenalina es la palabra que mejor puede definir lo que sentimos estando allí, nuestro primer reto fue lanzarnos desde la ventana del aerohostal en un péndulo que se extiende por el precipicio ante la inmensidad del cañón que se ve de fondo; el susto es triple porque da la sensación de que uno se va a golpear con la pared de la roca y, para algunos cristianos como nosotros, resulta difícil creer que una cuerda pueda soportar el peso de nuestro cuerpo. Antes de decidirnos, Nilton, un aventurero de profesión, nos explicó los elementos de seguridad y para comprobarlo, una señora de unos cincuenta y tantos años nos dio una bofetada de valor.

Ella fue con un grupo de personas, entre ellos su hijo; ya había superado la caminata, el canopi, la escalada y ahora estaba en cunclillas, montada en la baranda del balcón lista para saltar; muchos creíamos que no lo haría porque estaba muy asustada, pero después de unos minutos tomó aire y se lanzó… el grito fue liberador, su sonrisa se veía a la distancia y después de eso ya no podíamos echar para atrás, lo debíamos hacer sí o sí.

La primera fui yo, tardé bastante porque la risa nerviosa no me permitía pasar a la acción; cuando lo hice ¡uufff! Qué sensación tan increíble, un vacío de 10 segundos en la panza, el grito que no puede faltar y después, a admirar la naturaleza. Mientras yo trataba de regularme en tierra (porque aún tenía el corazón a mil) José, estaba preparándose para saltar. No habíamos contado hasta tres cuando ya estaba en el aire; él es más decidido, se lanzó con fuerza y hasta hizo piruetas con la cuerda a la vez que Nilton lo bajaba de las alturas.

Pendulo Casa en el Aire

La otra actividad es una cosa de locos, se trata de unas hamacas ubicadas en el cable por el que pasa el canopy –a más de 40 metros del suelo :O – ahí uno puede pasar la noche, estar en la mañana o, como hicimos nosotros, ver el atardecer. Confieso que siempre soy más nerviosa a diferencia de Jose, que tocó el ukulele y cantó feliz hasta que la lluvia nos obligó a bajar. Miren esta maravilla:

La experiencia finalizó compartiendo una deliciosa cena con un grupo de personas que coincidió con nosotros en la Casa en el Aire, reímos, cantamos y, recargados de energía, volvimos a nuestros hogares con la satisfacción de haber hecho algo totalmente diferente. Si definitivamente quieres conocer el lugar sigue estos consejos y mira la galería completa de fotos aquí.

¡Te dejamos el vídeo de nuestra experiencia!

¡Ya es hora de dar el paso para cumplir tus sueños !

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