Escalando en Río de Janeiro, Brasil…¡sí, en el Pão de Açúcar!

Por 19 septiembre, 2017 Sudamérica No hay comentarios

Desde el momento que aterrizamos en el la ciudad de la samba, a eso de las 6am, me empecé a babear, jajajajaja, sí así como lo lee. En el horizonte solo se veían formaciones rocosas, collados, sierras, picos, mesetas, parecía un lugar sacado de una película, tan fuera de lo común es, que entre todas las formaciones está El Dedo de Dios, así mismo, uno de esos enormes picos se llama así, y más tarde entendería porqué. Y de fondo de todas esas siluetas tan impactante, como si fuera poco, un color naranja intenso que solo lo puede dar la naturaleza al amanecer. Sin tocar tierra carioca y ya sentía que no me quería devolver.

Tenía claro que debía escalar por lo menos una de las clásicas rocas de Río de Janeiro, pero había tanto por hacer y conocer que todavía no estaba seguro cómo y cuándo cumpliría ese objetivo. Bueno, me decidí, y al día siguiente de llegar contacté a la agencia de turismo de aventura, Companhia de Escalada, con la que me estuve contactado, y organizamos para hacer ascensión al Pão de Açucar al tercer día de el viaje. Me asignaron un guía de escalada en roca que hablaba español, un chileno que vive hace 9 años en Río, un bacansote, resulté escalando un par de veces más con el hombre, en El Corcovado (más adelante les cuento) y en el Plato da Lagõa.

Me levanté bien temprano, ansioso, mucho la verdad, pero me castigó la novatada, primera vez que pedía un Uber, y el chofer se perdió, no me entendía, en fin, llegué. Conocí a Victor, el guía, caminamos unos 2o minutos desde Praça General Tiburcio, pasamos por el Morro de Urca y llegamos hasta el pie de la roca y empezamos a escalar. Todavía no creía lo que estaba haciendo, no por lo difícil o por la técnica que requería, realmente no era tanta, más por el lugar, por el momento, por la magia del acontecimiento para mi. Solo fue unos 40 ó 50 metros más arriba que comprendí dónde estaba, y estando solo mientras Victor subía, estallé en una carcajada de alegría, me sentía como un niño pequeño, estaba borracho de emoción al mirar para abajo y ver el verde y denso bosque del Morro de Urca y la inmensa bahía de Guanabara y al mirar para atrás y estar escoltado por El Cristo Redentor del Corcovado. Es el lugar más escénico donde he escalado. Sean o no escaladores, vayan por favor, es una manera única de llegar a la cima y comprender donde estás.

La roca, es muy similar a La Piedra del Peñol de Guatape, es granito de 400m, de lo más imponente que he visto. La textura es un poco más gruesa que El Peñol, pero me sentí muy cómodo, porque es algo conocido para mi. Subiendo toda la roca nos demoramos 5 horas aproximadamente. Tuvimos que esperar más de 45 minutos que pasara otra cordada que iba subiendo primero que nosotros, eran tres escaladores, por eso les tomó más tiempo. Esperamos en una buena repisa que había, claro que era el lugar donde los Urubús (gallinazos) tienen sus nidos, nos atacaron un par de veces, cosa que me intimido un poco, bueno bastante.

Y para no alargar más la historia, pues lo que sientes arriba, en el top, es increíble porque primero te quitas los gatos (zapatos de escalada) y descansas como nunca jajajaja, y segundo la gente te mira extrañada, como quién dice “ve que muchacho tan verraco”, y ahí entiendes la magnitud del asunto, es un reto físico y mental bravo, pero no es lejano, ¿que intimida?, bastante, pero es muchísimo más lo que disfrutas, y esa sensación de gozo que te da el llegar a la cima de una manera diferente a como lo hace el 99% de la gente, te cambia la perspectiva, y esa sonrisa no se te va en un buen tiempo. ¡Háganlo, la roca es pa’ todo el mundo!

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